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¿Qué hizo Argentina para que el mundo le fuera a España?
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¿Qué hizo Argentina para que el mundo le fuera a España?
Ganar es importante. Competir también. Pero el deporte tiene una memoria mucho más larga que cualquier marcador. La gente olvida los resultados con el paso de los años, pero difícilmente olvida las actitudes.

La final del Mundial 2026 dejó mucho más que un marcador de 1-0 a favor de España. También dejó una pregunta que millones de personas se hicieron en redes sociales: ¿Por qué gran parte del mundo quería que ganara España y no Argentina?

No es una pregunta cómoda, pero sí necesaria.

Argentina es, sin lugar a dudas, una de las grandes potencias futbolísticas del planeta. Es la tierra de Diego Armando Maradona y Lionel Messi, posee algunas de las aficiones más apasionadas del mundo y ha regalado páginas inolvidables al fútbol internacional. El pueblo argentino, además, es extraordinariamente hospitalario, culto y resiliente. Quien ha visitado Buenos Aires, Córdoba o Mendoza sabe que detrás de los estereotipos existe un pueblo noble y generoso.

Sin embargo, hay que decirlo con todas sus letras: cuando se trata del fútbol, Argentina suele generar sentimientos extremos. O se le admira profundamente o se le enfrenta con la misma intensidad.

No ocurrió solamente en esta final. Es un fenómeno que viene construyéndose desde hace décadas.

Las redes sociales durante la final fueron el reflejo de ello. Miles de aficionados mexicanos, colombianos, uruguayos, chilenos, españoles, franceses e incluso italianos manifestaron abiertamente su apoyo a España. No era solamente una cuestión futbolística. Era también una reacción emocional y cultural que se ha venido acumulando con el tiempo.

¿Por qué?

Porque el fútbol no solamente premia al que gana. También juzga la forma en la que se gana y, sobre todo, la forma en la que se pierde.

Después del silbatazo final se registraron enfrentamientos entre jugadores argentinos y españoles sobre el terreno de juego. Posteriormente, durante la ceremonia de premiación, buena parte del plantel argentino decidió no observar el momento en el que España levantó el trofeo y dio la espalda a la celebración de los nuevos campeones del mundo. El gesto fue ampliamente criticado por medios internacionales y exfutbolistas. Lionel Messi fue una de las excepciones al felicitar personalmente a varios jugadores españoles.¹

Lo sucedido no explica por sí solo la animadversión internacional hacia la selección albiceleste. Es únicamente el capítulo más reciente de una narrativa que incluye polémicas deportivas, provocaciones verbales, celebraciones controvertidas y una identidad futbolística que históricamente ha abrazado el concepto del "ganar como sea".

Paradójicamente, aquello que durante décadas convirtió a Argentina en una selección temible y competitiva, hoy parece haberse convertido también en uno de sus mayores problemas de imagen.

El sociólogo francés Pierre Bourdieu sostenía que el deporte es un espacio donde las sociedades proyectan sus valores culturales. El fútbol no solamente representa once jugadores sobre una cancha; representa símbolos, narrativas y formas de entender la competencia.

El fenómeno argentino parece confirmar esa teoría.

Mientras España ha construido en los últimos años una imagen asociada al juego colectivo, al respeto por el rival y al desarrollo de jóvenes talentos, Argentina continúa siendo identificada internacionalmente con conceptos como la "garra", la confrontación permanente y la provocación psicológica del adversario. Ambas son identidades legítimas, pero la percepción internacional es muy distinta.

Las investigaciones sobre identidad social del psicólogo Henri Tajfel también ayudan a comprender este fenómeno. Los grupos humanos no solamente se unen por aquello que aman, sino también por aquello frente a lo que se posicionan. En otras palabras, muchas veces el "todos contra uno" fortalece la identidad del resto.

Quizá eso fue lo que vimos durante esta final del Mundial.

No era España contra Argentina. Era buena parte del planeta identificándose con una determinada manera de entender el deporte.

La gran lección no es futbolística, sino humana.

Ganar es importante. Competir también. Pero el deporte tiene una memoria mucho más larga que cualquier marcador. La gente olvida los resultados con el paso de los años, pero difícilmente olvida las actitudes.

El respeto por el rival sigue siendo uno de los pocos lenguajes universales que existen en el deporte.

Argentina seguirá siendo una potencia mundial del fútbol. Seguirá produciendo jugadores extraordinarios y continuará escribiendo capítulos gloriosos en la historia de este deporte. Nada de eso está en discusión.

Lo que sí merece una reflexión es si la selección argentina desea ser únicamente admirada por sus títulos o también querida por el mundo.

Porque hay una diferencia enorme entre ambas cosas.

El Mundial 2026 nos dejó una enseñanza inesperada: los trofeos se levantan durante algunos minutos, pero la reputación deportiva se construye durante generaciones.

Quizá esa sea la verdadera copa que todos los países deberían aspirar a conquistar.

*Imagen generada con IA.

Karen Anderson 

 

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