“Era un trabajo contra el reloj y contra la muerte”

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“El mundo está loco”, susurra Adolfo Kaminsky. Lo que sonaría a cliché en boca de muchos constituye una advertencia muy seria en este hombre que, a sus 94 años, sigue manteniendo la misma convicción que le llevó, cuando era apenas un adolescente durante la ocupación nazi de Francia, a salvar a miles de judíos, sobre todo niños, de la deportación falsificando documentos gracias a la manipulación de la tinta aprehendida cuando trabajaba en una tintorería.

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