El gasoducto que sueña Afganistán se hace de rogar

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Energía barata, puestos de trabajo e ingresos por peajes. El proyecto para transportar gas natural desde los abundantes depósitos de Turkmenistán hasta los necesitados mercados de energía Pakistán e India, vía Afganistán, ha suscitado el interés de Kabul desde sus orígenes en la década de los noventa del siglo pasado. El TAPI, como se conoce el último plan de gasoducto por las iniciales de los cuatro países implicados, constituye una oportunidad para estabilizar Afganistán a través del desarrollo económico. Pero los problemas de financiación están retrasando su puesta en marcha y hacen temer que se convierta en una versión afgana del cuento de la lechera.

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