En la memoria de la familia Rudametkin; entre la raqueta y un cuadro de Federer

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Josefa Gout

CIUDAD DE MÉXICO.

Muchos sueños se construyen en la imaginación, otros son realizados, algunos se frustran y en el caso de Iván Andrei, su sueño, aunque corto, fue representado mediante líneas, colores y trazos.

Iván Andrei Rudametkin, un joven de Ensenada, tranquilo, recto, disciplinado. Estudiante en el Tec de Monterrey campus Guadalajara, becado como parte del equipo de tenis.

A los ocho años de edad dio quizás una de las pinceladas que mayor color le daría a su vida. Tomó una raqueta de tenis en un campamento de verano y la utilizó como una paleta de arte con los más vívidos colores y texturas. Cada cancha de tenis que pisaba, un lienzo en blanco, una superficie desconocida. Cada raqueta, el pincel que dictaba sus pasos.

Fue a un curso de tenis a San Diego con un amigo y desde ahí se enganchó con el tenis. Desde un inicio se enamoró de Roger Federer. No había nada en este mundo que le emocionara más que ver a Roger jugar. Entre las cosas que hacía, pintaba. Sólo pudo realizar tres cuadros, uno de ellos de Federer.

 

 

El retrato que pintó de su ídolo es en blanco y negro, a pesar de que el mundo a sus pies tuvo una amplia gama de tonalidades. Pero como lo describe su madre, Monika Pérez Castro, Iván Andrei fue “un sol, de esos que brillan tanto que se apagan pronto”.  Y es que las luces en su vida se convirtieron por siempre en sombras el 29 de enero de 2016, cuando a los 19 años sufrió un accidente automovilístico en Guadalajara. El sueño que dibujó en un lienzo, de conocer a Federer, no logró concretarse.

El dolor es insoportable, 43 meses, los sigo contando y todos los días tengo un proceso. Amanezco, despierto y debo decirme, venga otra vez, otro día”, relata Monika. “Un golpe de ese tamaño no te puedo explicar cómo lo tienes que lidiar”.

Tres años después de que esas sombras, aparecieron en el cuadro de la familia Rudametkin, conformada por Alejandro, Monika y sus cinco hijos (cuatro de ellos en la tierra), encontraron la forma de convertir el dolor en inspiración. Hallaron la manera de perpetuar la imagen de Iván Andrei.

A todos nos pasan cosas, siempre hay algo y si esa fuerza la puedes convertir en inspiración es muy gratificante. La terapia ocupacional es increíble. Por esta tragedia en la familia pensé en hacer un evento para recordarlo y festejar su vida”, cuenta Alejandro Rudametkin, quien compartía la pasión por el tenis con su hijo. “Cuando estábamos en el avión de Guadalajara a Ensenada, yo traía la cajita de las cenizas en las piernas y había una vibra extraña. Fue ahí cuando concluimos que haríamos un torneo de tenis que llevaría su nombre”.

Uno de los retos como artista consiste en plasmar la imagen sobre una superficie en blanco, llevar al papel las líneas que tan claramente has dibujado en tu cabeza. Los Rudametkin tenían un contratiempo similar, ya imaginaban algo, pero no estaban seguros de los colores, tamaño de pincel, pigmentos que debían utilizar.

Fue en ese momento cuando apareció Jorge Lozano, extenista profesional mexicano, entrenador de Iván Andrei en el equipo representativo del Tec de Monterrey campus Guadalajara.

Jorge Lozano, además de haber sido su coach, nos ayudó mucho a la distancia. Cuando llegamos a Ensenada, empezamos a idear el torneo y cuando aterrizamos mi esposo le marcó a Jorge, sin conocerse”.

Lozano y Leonardo Lavalle, que formaron parte del mismo equipo de México en la gloriosa década de los 80 en el Grupo Mundial de Copa Davis, se pusieron de acuerdo y decidieron apoyar la causa de Iván Andrei. No había pasado ni un año de la muerte de su hijo cuando Monika y Alejandro realizaron la primera edición del Iván Andrei Open.

Conocí a Alejandro (Rudametkin), en una situación complicada, triste, y me dijo que querían continuar con la memoria de Iván Andrei. Hemos hecho una gran amistad”, relata Lozano. “Me da mucho gusto las ganas que le ponen al torneo, es difícil porque es un recuerdo permanente del accidente de uno de sus hijos”.

Aquellas pinceladas de colores oscuros que de pronto manchan el lienzo de los seres queridos de Iván Andrei, pasan al segundo plano con el brillo y la luz que irradia cada recuerdo del joven tenista. Porque no sólo la familia se ha encargado de reavivar la memoria de su niño. En el Tec de Guadalajara, Iván Andrei está en cada partido, cada entrenamiento, en cada uno de los integrantes del equipo.

Al momento de fallecer, sus amigos, jóvenes de entre 18 y 20 años, mandaron a hacer playeras con su nombre. Y también determinaron que el tercer set, si había tercer set, que se lo dedicarían a él. Hasta la fecha el slogan del equipo de tenis es “ el tercer set va por ti”, es muy duro pero muy bonito”.

El resultado final de la obra no fue el esperado. El duro golpe dejó un brochazo imborrable, difícil de ignorar. Pero esa mancha despertó la creatividad en aquellos que lo rodean, y obligó a sus seres queridos a cooperar para pintar de vívidos colores, las creaciones que Iván Andrei no logró concretar.

Una de las grandes aspiraciones de la mamá de Andrei es “que Federer firme el cuadro que pintó mi hijo”.

 

TORNEO, CLÍNICAS Y SUBASTA

El jueves iniciará la cuarta edición del Iván Andrei Open que, como cada año, tendrá de sede el Centro de Tenis de Ensenada. Dicho evento, realizado en honor al joven Rudametkin, contará con ocho jugadores de Copa Davis, entre ellos los mexicanos Manuel Sánchez, Luis Patiño y Lucas Gómez.

En el marco del torneo habrá clínicas impartidas por Leo Lavalle y Jorge Lozano, quienes se han convertido en piezas fundamentales del evento que terminará el domingo.

Leo y Jorge son nuestros asesores, no damos un paso sin preguntarles”, externó Alejandro Rudametkin sobre los extenistas y capitanes de Copa Davis.

La bolsa a repartir es de 155 mil pesos, aunque es un torneo que se extiende más allá del deporte y de las canchas de tenis. Al final del certamen se realiza la cena con causa, en la que se lleva a cabo una subasta. Este año contará con diversos artículos que el comité organizador ha conseguido en distintos torneos internacionales.

Hacemos una subasta de cosas que nos donan tenistas profesionales de la talla de Nadal o futbolistas como Rafa Márquez. Lo que se recauda se destina a fundaciones de niños en situaciones precarias. Niños y adolescentes hasta 19 años, que son los que tenía mi hijo. Además, ayudamos a que las mamás no pasen por lo que yo”, relató Monika Pérez Castro, madre de Iván Andrei.

 

cva

 



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