Pequeños placeres

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En algún rincón de La Habana, en una o varias cajas de viejo cartón enmohecido se guardan los diminutos ejércitos con los que el poeta Eliseo Diego jugaba a las batallas de sobremesa con sus hijos Rapi, Lichi y Diego. Eran cientos de figuritas pintadas a mano por papá Eliseo y en alguna ocasión que García Elío –el más joven de los generales—enviaba divisiones de caballería de plomo sin pintar, recibió una carta de Fefé hija del poeta advirtiéndole que “corría peligro el futuro de la poesía de papá si sigue dedicándole tantas horas a pintar los muñequitos”.

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