Matarnos sin culpa

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Ya no pueden sorprendernos con algo peor. En El Salvador se repite esa frase en incontables ocasiones ante cínicos actos de políticos que parecen insuperables. Una vez tras otra, ese mantra ha sido el preludio de una decisión más vergonzosa, más humillante para miles de salvadoreños. El desatinado augurio ha vuelto a fallar. Los diputados lo han vuelto a hacer.

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