¿Quién ordenó matar a Marielle? ¿Y por qué?

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Cuando supe que Marielle Franco había sido asesinada, acababa de llegar de Anapu, la ciudad que recibió la sangre de Dorothy Stang. Cuatro tiros habían destrozado la bonita cabeza de Marielle y también aquella sonrisa que hacía que incluso yo, que nunca la conocí, tuviera ganas de reír con ella. Todavía las tengo cuando veo su fotografía. Y me río con Marielle. Y entonces me acuerdo del horror de la destrucción literal de su sonrisa. Y no lloro. Escribo.

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