Qué Verde era mi patria

0
59

En Prassreut huele a vaca y los troncos apilados esperan a un invierno que este año no acaba de llegar. Con su valle, sus praderas y sus típicas casas con balcones de madera oscura, Prassreut es uno de tantos pueblos de la campiña bávara que hasta hace bien poco era la viva imagen de una postal bucólica. Hasta que la entrada del pueblo quedó tapizada por una lengua de cemento, sede de una empresa logística que distribuye vehículos por toda Europa. La obra ha provocado protestas de los vecinos, que como en decenas de rincones de Baviera, reniegan de un urbanismo que sienten amenaza el paisaje y también su muy preciada identidad bávara.

Seguir leyendo.



Enlace original de la notícia

Comente con Facebook